10 Junio 2007
En un momento, ese cielo repleto de estrellas vió como una sutil y fugaz estrella màs pequeña se remontaba màs allá de ese cielo,
ese cielo que era su hogar, lo conocido,
y luego de ese débil fulgor, la estrella desaparecía, en el acto
las demás estrellas, deseosas de ser más llamativas, pensaron en un plan,
para aprender a moverse como aquella estrella tan sutil, y a la vez tan envidiada,
y fueron a ver a Saturno, especialista en estrellas especiales
recibieron sòlo una mirada del anciano de los anillos,
y luego de esa mirada, un leve suspiro.
Saturno estaba sumido en sus propios asuntos, no tenìa tiempo con tantos anillos que presumirle a los demás planetas...
Asì que pronto las estrellas comenzaron a quejarse con su Hacedor,
sobre lo injusto que era que hubiera alguien màs bello que todas,
pidieron que se lesdieran clases de danza contemporànea, unos pasitos de mambo, y algo de flamenco,
pero el Hacedor que los miraba con el rostro lleno de piadosa bondad, los observó de hito en hito
¿Quereis moveros con arte, como esa estrella? ¿Y qué pasará con el cielo, sin estrellas que alumbren y decoren el cielo con armonía?
¿Y qué dirán los hombres, cuando les busquen sin hallarles?
Pensarán que se han ido, y se pondrán nerviosos...
eso sin contar que nunca más habrá una estrella quieta en el cielo
para orientar los sueños y los viajes de los hombres...
Las estrellas se lo pensaron mejor; eran necesarias, y aunque por un minuto la belleza de aquella estrella fugaz las había eclipsado, eran demasiado necesarias como para pensar siquiera en cambiar,
muchas veces las cosas son de esa forma, no necesariamente lo más llamativo resulta ser lo más importante...
a veces, por una vez en la vida, los 5 sentidos no son lo màs adecuado para resolver una situación... y más vale ser útil que simplemente desplegar el encanto toda la vida... porque las cosas bellas de la vida no siempre son aquellas que se aprecian con la vista........................................
servido por Judith
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29 Marzo 2007
29 Marzo 2007
CABEZAS DE PIEDRA
Nacidos entre el adobe y la piedra
Un día abrieron los ojos a este mundo
Y se sintieron condenados, desprovistos de toda libertad
Coartados en sus acciones;
Cual si fuera un castigo, impuesto a sus pedernales almas
Y mientras uno lloraba, el otro con su única mano
Rasgaba la piedra, sacaba tierra del adobe
Pero su único logro fue herirse
Todo por su desesperación, por miedo a morir en ese hueco
Olvidado del mundo...
El adobe que vivía, con forma de vetusta humanidad
Gritaba y gemía con esperanza de ser escuchados
Pero para su desgracia nada ni nadie los veía
Eran adobe;
Y ni aún la sangre que fluía, gota a gotita
Plic, plic, plic,
Plic, plic, plac;
Llamaba la atención de los demás,
No era capaz de comunicar que había vida
Que alguien clamaba por auxilio.
Asimismo en este mundo hay mucha gente invisible
Que grita y gime por alguna atención de alguien más
Tiene problemas que no le dejan actuar
Y aunque rasguña la tierra para salir,
Muchas veces ni aún con todas sus fuerzas logra ganar.
Y hay otros que sólo saben llorar,
Cuyas lágrimas no le dejan ver, ni oír, ni pedir ayuda
Para ellos tampoco hay salida,
Pues algunos están pegados al problema,
Y para otros ellos mismos son el problema.
Alguien un día dijo: “oye, si tu me rascas, yo te rasco”
¿Pero que hay de los que no poseen fuerza en sus manos?
¿Qué hay de aquellos que necesitan atención?
Hay quienes nada material pueden darte
Ellos son los que más necesitan una mano
Y Alguien más dijo una vez:
“Por cuanto lo hiciste a uno de estos pequeñitos,
A Mí lo hiciste”
¿Qué hay del recuerdo de la buena voluntad
Para con los hombres?
servido por Judith
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27 Marzo 2007

Nacidos entre el adobe y la piedra
Un día abrieron los ojos a este mundo
Y se sintieron condenados, desprovistos de toda libertad
Coartados en sus acciones;
Cual si fuera un castigo, impuesto a sus pedernales almas
Y mientras uno lloraba, el otro con su única mano
Rasgaba la piedra, sacaba tierra del adobe
Pero su único logro fue herirse
Todo por su desesperación, por miedo a morir en ese hueco
Olvidado del mundo...
El adobe que vivía, con forma de vetusta humanidad
Gritaba y gemía con esperanza de ser escuchados
Pero para su desgracia nada ni nadie los veía
Eran adobe;
Y ni aún la sangre que fluía, gota a gotita
Plic, plic, plic,
Plic, plic, plac;
Llamaba la atención de los demás,
No era capaz de comunicar que había vida
Que alguien clamaba por auxilio.
Asimismo en este mundo hay mucha gente invisible
Que grita y gime por alguna atención de alguien más
Tiene problemas que no le dejan actuar
Y aunque rasguña la tierra para salir,
Muchas veces ni aún con todas sus fuerzas logra ganar.
Y hay otros que sólo saben llorar,
Cuyas lágrimas no le dejan ver, ni oír, ni pedir ayuda
Para ellos tampoco hay salida,
Pues algunos están pegados al problema,
Y para otros ellos mismos son el problema.
Alguien un día dijo: “oye, si tu me rascas, yo te rasco”
¿Pero que hay de los que no poseen fuerza en sus manos?
¿Qué hay de aquellos que necesitan atención?
Hay quienes nada material pueden darte
Ellos son los que más necesitan una mano
Y Alguien más dijo una vez:
“Por cuanto lo hiciste a uno de estos pequeñitos,
A Mí lo hiciste”
¿Qué hay del recuerdo de la buena voluntad
Para con los hombres?
servido por Judith
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21 Marzo 2007

Cuando caminas por la ciudad, no te das cuenta de todas las cosas que te rodean. Muchas veces miras sin fijar tu vista más de unos segundos, quizá ni siquiera fijas la vista. A tu lado deambulan diversos géneros urbanos, una diversidad de punkies, góticos, neo hippies, ancianos y niños, todos comunicando de una u otra manera sus necesidades. Pero tú pasas sin mirar, pasas pensando en tus propios asuntos. Cuando pasas por un quiosco, las terribles noticias de los diarios te desesperan, te deprimen, casi oprimiendo tu pecho tanto que debes bostezar para inflar tus pulmones de aire. Pero una vez que te restableces, sigues caminando tal como antes. En tu interior piensas que todo es culpa de la humanidad, culpa de los inexistentes samaritanos que deberían colmar el mundo de amor y ayuda social, y pasas por el lado de una niña descalza y no te fijas en que en medio del frío va sin abrigo, y en una esquina te topas con un hombre que va con un saco raído, y lo único que haces es hacerte a un lado rogando que no te toque. Más allá puedes ver como en un rincón oscuro de la calle hay una mujer liviana de ropas que habla con un tipo en un auto estacionado, pero a tí no te hace problema, te parece lo más normal. No te interesa su historia, ni sus necesidades. Si tu esposa no te estuviera esperando en casa quizás hasta repetirías la experiencia vivida hace algunos años, una noche en que paraste precisamente en esa esquina y hablaste tú también con una mujer.
Pero seguiste tu camino, quizás porque llevabas algo de hambre. En una esquina de la plaza pudiste ver un grupo de chicos jugando con una jeringuilla, y más allá otros grupos sentados en un círculo, bebiendo de unas botellas, pero a tí no te pareció demasiado importante, porque entre esos grupos no habían hijos tuyos, que fueran tu responsabilidad. Ni siquiera pestañeaste cuando de pronto sin saber por qué, alzaste los ojos a la terraza de un segundo piso, y viste a una joven llorando, con las muñecas arañadas y en sangre. Una llamada de tu teléfono celular hubiera bastado para ayudar, pero tú no estabas seguro de tener minutos para hablar, y además, ibas tan apurado... quizá era sólo un juego de adolescentes.
Por fín llegaste a tu casa. Nada más llegar prendiste la TV, y la dejaste sonar en cualquier canal, sólo para tener algo de bullicio en la silenciosa estancia. Buscaste a tu mujer, y la encontraste sentada en tu cama con el rostro descompuesto y las lágrimas mojando sus hinchadas mejillas, llorando por que no sabe donde están tus hijos. Pero a tí no te importa, porque es pan de cada día. Mañana llegarán, tú lo sabes, pero tu mujer está desmoralizada. Cansada de todo esto te dice que no podría ser más infeliz y que quiere el divorcio, y a tí no te queda más que hacer que asentir con la cabeza y los hombros caídos, coger tu chaqueta y volver a salir a la calle, para volver a encontrarte con personas sumidas en su propia infelicidad. Ya es muy tarde, y no tienes a dónde ir, así que entras a un hotel al que llegas tras subir unas larguísimas escaleras.
Al llegar a la recepción te preguntas por qué has venido a parar al hotel de los ratones, pero pronto divisas la calva de un veterano que te ofrece un cuartucho por una noche. Entras y te sientas en el camastro de piedra, y así, con ropa y todo, te dispones a tratar de dormir, ayudado por dos pildoritas amarillas. Pasas un rato medio adormilado, hasta que comienzas a sentir gritos y sonidos de dudosa procedencia, y aunque tratas de no oír, los gritos continúan. Resuelto a ejercer tu maldito derecho a dormir, te levantas de la cama y tocas la puerta decidido a pedir un poco de decoro, y es entonces cuando te abre la puerta un atrevido jovencito, que te manda a la joda sin dejarte decir palabra; y hasta aquí todo iba bien, porque ahora de pronto todo se ha ido al caño, porque has visto por entre medio de la puerta la figura de tu hija tapada tan sólo con una sábana inmunda. Tiras la puerta con todo y adolescente y agarras a tu hija de las muñecas, y la sacas del sitio y la llevas con su madre. La muchacha alega con ira que tiene diecisiete años, que en cinco meses más será mayor de edad, pero al llegar a casa se encuentran con que la misma madre estaba inmersa en sus propios asuntos, con un tipo que se escucha gritarle por el nombre desde la misma puerta de entrada. Tú y tu hija están boquiabiertos, pues resulta ser que tu mujer podría ganarse la vida como la mujer de elástico del circo del barrio, tal es la posición en la que se encuentra. El tipo está como si nada, como si ustedes fueran invisibles, o meras esculturas con los gestos más patéticos que se pudieran encontrar. Tú lo sacas de la cama a golpes, recibiendo tú mismo una paliza de aquellas, hasta que el hombre decide irse, dejándote con la espalda doblada en tres partes diferentes, y maldiciendo a tu esposa. Ella sólo mira a la hija vestida con una sábana verdosa y entonces, sólo entonces, rompe a llorar. Quien debiera llorar eres tú, te dices, pero has decidido que este día debería quedarse en el pasado, y bajas a la cocina a preparar un fuerte café para todos. De pronto abajo sientes que suena una llave y entra tu hijo, presumiblemente acabado de esnifar cocaína. Ya qué, -te dices-, esta noche ya nada puede ser peor. El monigote sube las escaleras un tanto doblado a la derecha, agarrado del pasamanos, y se pierde en la oscuridad. Preparas cuatro tazas de café caliente, sin pan, sin bollos, ni pastelitos, y los llevas arriba, donde te esperan una mujer insatisfecha, tu hija insatisfecha y aterrorizada por todo lo ocurrido, y un adolescente que no sabe ni en qué mundo vive. Subes las escaleras, contando los peldaños uno por uno, pensando en que vas a dormir y reponer fuerzas, porque mañana será otro día.
servido por Judith
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20 Marzo 2007
En la parada de los troncales hay un par de tacones rojos. Pequeños, de buen diseño, paralelos están esperando la llegada del bus que los llevará a su destino. En la parada también hay muchas zapatillas, y uno que otro mocasín furtivo que pasan desapercibidos. Los zapatos escolares decoran con su negrura por aquí y por allá el bandejón central que es la parada de los buses que van hacia el oriente. Muchos zapatos ya se mueven con impaciencia, al ritmo que parece imponerse en el lugar, tipi tape, tipi tape, tipi tape, con un suave ritmo que va en aumento. Los buses pasan llenos, casi nadie puede subirse. Los zapatos esperan su turno envueltos en una nube gris que enceguece; los ánimos ya están caldeados y mucha gente está apretada luchando por hacerse cabida en el lugar, pero los troncales pasan repletos, y muchas veces ni siquiera atinan a pasar por el paradero, para evitarse desmanes. Los zapatos ya están desesperados, muchos ya se pisan entre sí, y si se observa de forma cenital, se puede ver como una fiesta de brazos extendidos luchan por conservar el equilibrio. Todo está al revés.
Cuando logra venir un bus que se queda en el paradero, las puertas del bus se abren y entra la turba imperativa, luchadora, cansada, maloliente. Las tarjetas hacen fila en los visores y problemas más, problemas menos, muchos zapatos toman posiciones. Un par de zapatos de niña saltan a la vez; una escolar ha sido infamemente ultrajada. Otros zapatos se dan vuelta a mirar la situación. El chofer sabe que tiene un descarado en su vehículo, pero la gente grita y no puede hacer sino seguir conduciendo.
Bajo la calle, bajo la tierra, miles de zapatos caminan por los senderos del metro, y más abajo, vagones repletos corren bajo la tierra. Cada semana hay nuevas victimas del encierro, causado por las mentes maestras del transantiago. Que nadie diga que nuestro metro es el culpable, la verdad es que la culpa la tenemos nosotros, los santiaguinos, por ser tantos y tener que viajar todos a la vez. Es el precio que tenemos que pagar por ser la metrópoli de Chile. Y, lejos de nosotros, en un lugar que no conocemos, personas que viajan en automóvil se reparten las ganancias de su excelente plan, el robo más grande, el fraude más vergonzoso de los últimos tiempos. Pero lo más terrible viene cuando en poblaciones alejadas del centro de la capital unos zapatos maternales acompañados de otros zapatos como pollitos deben hacer fila para tomar una locomoción para ir al hospital o a su respectivo consultorio. Y el desengaño es grande cuando esos mismos zapatos deben decidir gastarse para llegar a su destino, veinte, o treinta cuadras más allá de su hogar, por el solo hecho de no tener los medios para tomar un taxi o un colectivo.
Los zapatos fueron hechos para caminar.Pero que triste es cuando esta es una orden imperativa. Sólo nos queda rogar por que algún día una luz de inteligencia cruce el cerebro de una simpática señora teñida a la usanza yankee, y elabore unas cuantas medidas que realmente sean una ayuda para todos, que no piense en los favores que debe, sino que piense que se debe a los chilenos, que nosotros necesitamos una lider que prefiera a los ciudadanos antes de los dueños de los servicios. Si todo esto no es su culpa, que al menos barra con los tipos que hoy quieren lucrar olvidando que están dejando la embarrada. Si no morimos asfixiados en el metro, tendremos que sufrir en un choque automovilístico o quedando como acordeones en nuestras bicicletas, el caso es que estamos condenados.
Por último para terminar, sólo queda recordar con cariño aquellos días en que las micros amarillas eran nuestro medio de transporte. Ahora hasta besaríamos la cubierta amarilla de nuestras amistosas micros de recorridos como la 171, la 361 o hasta la extrañísima 666, que en paz descansen. Si ellos quisieran, todo podría volver a la normalidad, pero hay que decirlo, hay una empresa a la que no le conviene, sí, esa que te invita a compartir tu metro cuadrado, ya que la única manera en que ellos podrían generar ganancias, dado que han hecho grandes inversiones, es llevando los vagones llenos. Que triste.
El pueblo es el único que puede hacer algo fuerte en esta situación, somos fuerza, juntos somos muchos, y lo que se puede hacer es protestar con fuerza. Si todo esto es injusto, si en tu barrio las micros brillan por su ausencia, o si para llegar a tu casa no tienes siquiera una micro, esto tendrá que arreglarse, ojalá por las buenas, ya que si se llega por las malas los señores de verde estarán obligados a darnos un baño apestoso... a mí me encantaría que bañaran a los genios del transantiago, a ver si así les funcionan las neuronas... aunque no creo, niños, la verdad es que ellos son la muestra más honesta de que la marihuana hace daño... así que, al menos la moraleja del día es que no hay que usar sustancias nocivas para la salud del cerebro, uno nunca sabe cuándo vaya a querer usarlo...
Bueno, eso por hoy. Si a alguien se le ocurre algún medio de presión para que las cosas nos sonrían, pues ya saben, posteadlo aki o mejor al link de abajo, a ver si entre todos hacemos algo lindo con esa manada de malditos bastardos... salute!
http://www.fotolog.com/cabecita_hueca
servido por Judith
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9 Marzo 2007
Tener un blog parece ser algo que se hace cuando se maneja un tema en específico, conocimientos en dicho tema y sus derivados, o simplemente se trata de canalizar las ganas de decir cosas sin un tema predefinido. Ese quizá sea el caso del presente, ya que sin querer hablar de un solo tema, de alguna manera, siento que esta bitácora podrá ser el lugar perfecto para hablar de lo humano y lo divino, lo que a veces quisiera gritar y también aquello que uno preferiría guardar en secreto. Pretendo que sea mágico, ya que la palabra en sí es mágica, ya que con ellas puedes construir mundos infinitos, puedes crear una vida; yo personalmente creo que sabiendo ocupar bien las palabras uno puede crear, aún cuando sea en el reino de lo intangible, todo lo que desea.
Y le llaman el poder de la palabra. Y de hecho, existe la posibilidad de comprobarlo, tanto desde una idea o personalidad bienhechora, hasta de facto en una personalidad cuya intención sea hacer el mal; todo es propicio de ser llevado a cabo por palabras. Un ejemplo de ello es el rumor; son palabras, pensadas por una mente creativa, planeadas para cumplir un objetivo como conseguir el mal para algún incauto o pobre ser que no sospechará nada hasta que las mismas palabras lleguen hasta sus oídos. Pero también existe la magia positiva de las palabras, que pudiéramos llamar la magia blanca de las letras, traducidas en cuentos, novelas, poemas y demases.
¿Qué es una novela, sino un rumor basado en algo inexistente, una trama más o menos compleja que habla de la historia de algo o alguien? Me gusta esa definición, me gusta pensar que las palabras poseen el poder de crear según la mente que las una, mundos, aunque ficticios, a veces tan fértiles como universos enteros, de distintos colores y sabores.
También pretendo que este blog sea poético. Creo que, dependiendo del autor de una narración, según sea o no un buen escritor, en todo lo que escriba existirá -o carecerá, en algunos casos- la poesía que es intrínseca del alma, la música y el ritmo del corazón, que genera a veces con una completa naturalidad lo que llamamos lírica.
No hay nada más bello de ver en un trozo de papel, que una mente que plasma de manera espontánea un pedacito de alma, una ventana a los sentimientos, a lo que a veces sin saber por qué llamamos corazón. Eso es un poco lo que pretendo hacer en estas líneas, y nada me daría más gusto que el crecer a medida que las escribo, al mismo tiempo que notara que existe alguien que lee estos párrafos, y tenga algo que decir, ya sea que esté de acuerdo o no con los engendros salidos de mi puño, o en este caso, de las yemas de mis dedos, pero por sobre todo, de mi mente.
Por lo pronto, es una alegría estar aquí, volver a tratar de expresarme dejando atrás quizá algún margen de timidez o temor al ridículo –el ridículo está, como la belleza, en el ojo de quién lo observa, o mejor dicho, en la mente del espectador- para buscar aquello que buscan probablemente todos los que nacemos con las cuerdas bucales desarrolladas en las manos, que otros nos lean, para que así finalmente podamos establecer comunicación.
A modo de presentación, me llamo Judith, aunque todos me dicen Yuly, y así es como prefiero que me llamen, tengo 27 añitos y en este momento estoy estudiando en un instituto, aunque planeo estudiar alguna carrera en una universidad en un futuro próximo algo enfocado al área humanista... Eso por ahora. 
servido por Judith
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