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Todo a Mil....

20 Marzo 2007

Zapatos

En la parada de los troncales hay un par de tacones rojos. Pequeños, de buen diseño, paralelos están esperando la llegada del bus que los llevará a su destino. En la parada también hay muchas zapatillas, y uno que otro mocasín furtivo que pasan desapercibidos. Los zapatos escolares decoran con su negrura por aquí y por allá el bandejón central que es la parada de los buses que van hacia el oriente. Muchos zapatos ya se mueven con impaciencia, al ritmo que parece imponerse en el lugar, tipi tape, tipi tape, tipi tape, con un suave ritmo que va en aumento. Los buses pasan llenos, casi nadie puede subirse. Los zapatos esperan su turno envueltos en una nube gris que enceguece; los ánimos ya están caldeados y mucha gente está apretada luchando por hacerse cabida en el lugar, pero los troncales pasan repletos, y muchas veces ni siquiera atinan a pasar por el paradero, para evitarse desmanes. Los zapatos ya están desesperados, muchos ya se pisan entre sí, y si se observa de forma cenital, se puede ver como una fiesta de brazos extendidos luchan por conservar el equilibrio. Todo está al revés.

Cuando logra venir un bus que se queda en el paradero, las puertas del bus se abren y entra la turba imperativa, luchadora, cansada, maloliente. Las tarjetas hacen fila en los visores y problemas más, problemas menos, muchos zapatos toman posiciones. Un par de zapatos de niña saltan a la vez; una escolar ha sido infamemente ultrajada. Otros zapatos se dan vuelta a mirar la situación. El chofer sabe que tiene un descarado en su vehículo, pero la gente grita y no puede hacer sino seguir conduciendo.

Bajo la calle, bajo la tierra, miles de zapatos caminan por los senderos del metro, y más abajo, vagones repletos corren bajo la tierra. Cada semana hay nuevas victimas del encierro, causado por las mentes maestras del transantiago. Que nadie diga que nuestro metro es el culpable, la verdad es que la culpa la tenemos nosotros, los santiaguinos, por ser tantos y tener que viajar todos a la vez. Es el precio que tenemos que pagar por ser la metrópoli de Chile. Y, lejos de nosotros, en un lugar que no conocemos, personas que viajan en automóvil se reparten las ganancias de su excelente plan, el robo más grande, el fraude más vergonzoso de los últimos tiempos. Pero lo más terrible viene cuando en poblaciones alejadas del centro de la capital unos zapatos maternales acompañados de otros zapatos como pollitos deben hacer fila para tomar una locomoción para ir al hospital o a su respectivo consultorio. Y el desengaño es grande cuando esos mismos zapatos deben decidir gastarse para llegar a su destino, veinte, o treinta cuadras más allá de su hogar, por el solo hecho de no tener los medios para tomar un taxi o un colectivo.

Los zapatos fueron hechos para caminar.Pero que triste es cuando esta es una orden imperativa. Sólo nos queda rogar por que algún día una luz de inteligencia cruce el cerebro de una simpática señora teñida a la usanza yankee, y elabore unas cuantas medidas que realmente sean una ayuda para todos, que no piense en los favores que debe, sino que piense que se debe a los chilenos, que nosotros necesitamos una lider que prefiera a los ciudadanos antes de los dueños de los servicios. Si todo esto no es su culpa, que al menos barra con los tipos que hoy quieren lucrar olvidando que están dejando la embarrada. Si no morimos asfixiados en el metro, tendremos que sufrir en un choque automovilístico o quedando como acordeones en nuestras bicicletas, el caso es que estamos condenados.

Por último para terminar, sólo queda recordar con cariño aquellos días en que las micros amarillas eran nuestro medio de transporte. Ahora hasta besaríamos la cubierta amarilla de nuestras amistosas micros de recorridos como la 171, la 361 o hasta la extrañísima 666, que en paz descansen. Si ellos quisieran, todo podría volver a la normalidad, pero hay que decirlo, hay una empresa a la que no le conviene, sí, esa que te invita a compartir tu metro cuadrado, ya que la única manera en que ellos podrían generar ganancias, dado que han hecho grandes inversiones, es llevando los vagones llenos. Que triste.

El pueblo es el único que puede hacer algo fuerte en esta situación, somos fuerza, juntos somos muchos, y lo que se puede hacer es protestar con fuerza. Si todo esto es injusto, si en tu barrio las micros brillan por su ausencia, o si para llegar a tu casa no tienes siquiera una micro, esto tendrá que arreglarse, ojalá por las buenas, ya que si se llega por las malas los señores de verde estarán obligados a darnos un baño apestoso... a mí me encantaría que bañaran a los genios del transantiago, a ver si así les funcionan las neuronas... aunque no creo, niños, la verdad es que ellos son la muestra más honesta de que la marihuana hace daño... así que, al menos la moraleja del día es que no hay que usar sustancias nocivas para la salud del cerebro, uno nunca sabe cuándo vaya a querer usarlo...

Bueno, eso por hoy. Si a alguien se le ocurre algún medio de presión para que las cosas nos sonrían, pues ya saben, posteadlo aki o mejor al link de abajo, a ver si entre todos hacemos algo lindo con esa manada de malditos bastardos... salute!


http://www.fotolog.com/cabecita_hueca

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Loren

Loren dijo

Te agradezco tu agradable comentario.
Para agregar mi blog puedes hacerlo de dos formas: ponerlo en enlaces, opción que veo que no tienes pero que puedes incorporarla cuando metas tu clave o agregarme como amigo o fan desde mi propio blog.
Un abrazo desde España amiga chilena.

21 Marzo 2007 | 11:52 AM

rajugo

rajugo dijo

Judith, eres fuerte y temeraria, tienes el tesón que se requiere paa luchar por el bien colectivo. Aquí no es cuestión de ideologías, sino de proyectos que inyecten vida a nuestros pueblos, a los más abandonados, a esos que producen todo y con nada se quedan. Me gusta que escribas así. Síguele echando ganas. Besos.

22 Marzo 2007 | 06:59 AM

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