CABEZAS DE PIEDRA
Nacidos entre el adobe y la piedra Un día abrieron los ojos a este mundo Y se sintieron condenados, desprovistos de toda libertad Coartados en sus acciones; Cual si fuera un castigo, impuesto a sus pedernales almas Y mientras uno lloraba, el otro con su única mano Rasgaba la piedra, sacaba tierra del adobe Pero su único logro fue herirse Todo por su desesperación, por miedo a morir en ese hueco Olvidado del mundo... El adobe que vivía, con forma de vetusta humanidad Gritaba y gemía con esperanza de ser escuchados Pero para su desgracia nada ni nadie los veía Eran adobe; Y ni aún la sangre que fluía, gota a gotita Plic, plic, plic, Plic, plic, plac; Llamaba la atención de los demás, No era capaz de comunicar que había vida Que alguien clamaba por auxilio. Asimismo en este mundo hay mucha gente invisible Que grita y gime por alguna atención de alguien más Tiene problemas que no le dejan actuar Y aunque rasguña la tierra para salir, Muchas veces ni aún con todas sus fuerzas logra ganar. Y hay otros que sólo saben llorar, Cuyas lágrimas no le dejan ver, ni oír, ni pedir ayuda Para ellos tampoco hay salida, Pues algunos están pegados al problema, Y para otros ellos mismos son el problema. Alguien un día dijo: “oye, si tu me rascas, yo te rasco” ¿Pero que hay de los que no poseen fuerza en sus manos? ¿Qué hay de aquellos que necesitan atención? Hay quienes nada material pueden darte Ellos son los que más necesitan una mano Y Alguien más dijo una vez: “Por cuanto lo hiciste a uno de estos pequeñitos, A Mí lo hiciste” ¿Qué hay del recuerdo de la buena voluntad Para con los hombres?
